Historia San Vicente de Paul

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San Vicente de Paul, sacerdote francés, vivió entre 1581 y 1660. Sus padres fueron Juan de Paul y doña Betteran de Mora, quienes debieron trabajar mucho para poder educarlo.

Su gran obra: Las Hermanas de la Caridad

En 1617 San Vicente se encuentra con la miseria material de los campesinos. “Mientras me revestía para celebrar la santa Misa, vinieron a decirme que en una casa apartada estaban todos enfermos, hasta el punto que no había una sola persona que pudiera atender a las demás, y quienes se hallaban en un estado de necesidad indescriptible. Esto me ocasionó una tremenda impresión”.

A la llamada de San Vicente acuden todos los feligreses en ayuda de esa familia. Pero, para él, este movimiento espontáneo no es bastante, porque corre el peligro de no tener continuidad: “una enorme caridad, sí; pero mal organizada” expresa.

Es por ello que, en 1617, comenzó a fundar sus “charites”, unas se encargan de atender a los mendigos, otras se ocupan de las epidemias, el contagio de la peste, etc. Las “charites” se multiplican; había que velar por ellas y coordinarlas dentro de un mismo espíritu. Así pues, pide a una joven viuda de 38 años, Luisa de Marillac, que las visite e instruya, quien recorrerá las ciudades y las aldeas organizando Las Damas de la Caridad. Lo que comenzó como una pequeña cofradía parroquial se ha extendido por todo el mundo, contando hoy con cerca de 450.000 miembros, convirtiéndose en el origen de la comunidad más numerosa hoy en la Iglesia de Dios.
El trabajo por el pobre requiere un conjunto de virtudes; y esto supone formación y preparación. Diecisiete años más tarde, dice el fundador a un grupo de hermanas que partían hacia diversos lugares de Francia: “Si os preguntan quiénes sois, si sois religiosas diréis que no, por la gracia de Dios -que no es que no estiméis mucho a las religiosas, pero que si lo fuérais, habría que decir ´Adiós servicio de los pobres´. Decidles que sois pobres Hijas de la Caridad que os habéis entregado a Dios para el servicio de los pobres”.

Vicente desea que sus “Hijas de la Caridad” sean religiosas sin hábito, sin velo, sin votos solemnes. “Tendrán por monasterio las casas de los enfermos y la residencia de la superiora; por celda, una habitación alquilada; por capilla, la iglesia parroquial; por claustro, las calles de la ciudad; por clausura, la obediencia continua en la Providencia y la ofrenda de todo cuanto son”. Esto, en una época en que las religiosas eran de clausura.

Hoy, hay más de 40 mil Hijas de la Caridad diseminadas por todo el mundo, quienes viven entregadas a Dios para el servicio del pobre. San Vicente repetiría hoy: “Ved, hermanas, como sucedió esto; así es como comienzan las obras de Dios, éstas se realizan sin que uno piense en ellas...”.

Durante su vida, San Vicente de Paul emprendió múltiples iniciativas. Además de fundar la Congregación de las Hermanas de la Caridad, creó la de los Sacerdotes de la Misión -llamados más tarde Lazaristas o Paules-, e instituyó la obra de los Niños Expósitos.

Pero era enemigo de la actividad compulsiva. Si dio mucho fruto, es porque utilizaba muy bien el tiempo guiado y movido por la fuerza del Espíritu Santo.
“El bien que Dios quiere que se haga, se hace casi por sí mismo, sin que uno piense siquiera en él".
Así es como se originó nuestra congregación, como se formó la Compañía de las Hijas de la Caridad, como se estableció Las Damas para la Asistencia de los Pobres. De nuestra parte no hubo ningún proyecto cuando se emprendió todo eso; pero Dios que quiso ser servicio en estas ocasiones, Él mismo fue suscitando esto insensiblemente. Y se sirvió de nosotros, sin embargo, nosotros no sabíamos hacia dónde iba todo eso”.
Written by: Administrador CSV Lunes, 02 de Marzo de 2009 21:55 Última actualización el Miércoles, 29 de Abril de 2009 21:47
 

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